En tan solo un puñado de canciones, los cordobeses trajeron toda su alegría, humor y, por qué no, fernet y vino. Los Caligaris aterrizaron en el Teatro Vorterix para hacer una suerte de presentación oficial de su último disco “Circología”. La big band rockera, cuartetera y por sobre todas las cosas, fiestera, le puso toda su impronta a una noche cargada de energía, familia y alegría.

Así fue como el grupo encabezado en voz por Diego y Martín, salió al escenario a mostrar por primera vez en la city porteña, temas como “Todos locos”, “Aunque no quiero” y “Mejilla izquierda”. No podían faltar clásicos como “Me gusta portarme mal” y desgaste de la pista con las parejas bailando al ritmo de “Asado y fernet”.

La función debe continuar y las sorpresas para una noche cirquence estuvieron a la orden del día: desde maquillarse como payasos, acrobacias, ropa con luces de led y baile al mejor estilo VillagePeople, fueron tan sólo alguno de los platos fuertes de la noche. Entre tanto ska, con esos vientos fáciles de reconocer, sonaron “La montaña” junto a los chicos de Delfines de Etiopia y “Que corran”, mientras un fanático se dejó rapar la cabeza por un viaje a Córdoba.

El cierre tenía que estar a la altura de las circunstancias (aunque  tras tantos temas para mover el esqueleto parecía difícil): el agite y descontrol coparon el campo de la mano de toda una declaración como lo son “Nadie es perfecto” y “Kilómetros”. Tras mostrar sus dotes de acróbatas, los chicos se despidieron desparramando sonrisas con  “Mi estanciera y yo” y el Mono de Kapanga como invitado de lujo.

Crónica Gentileza: Nicolas Lopez Becerra